La innovación ha pasado de ser una ventaja a convertirse en una condición para sostener la competitividad y la rentabilidad de las explotaciones agrarias, en un contexto de mayores costes y exigencias. Entrevistamos a Roberto García Torrente, director general de Sostenibilidad y Desarrollo Agroalimentario de Grupo Cooperativo Cajamar, sobre el momento que vive la innovación agraria en España y los retos para que llegue a todo el sector.

Desde su perspectiva, ¿en qué momento se encuentra actualmente la innovación agraria en España?
Siempre es difícil generalizar porque las realidades en cualquier sector, y especialmente en el agrario, son muy heterogéneas. Simplificando, podríamos decir que el sector agrario español es muy dinámico en la incorporación de innovaciones y está siendo un factor determinante de la rentabilidad de las explotaciones y de su evolución.
Muchas veces, cuando analizamos los datos de la inversión que se realiza en I+D+i los datos del sector agrario parecen muy bajos. El motivo es porque dicha inversión no la realizan las propias empresas agrarias, sino que son realizadas por las empresas de la industria auxiliar de la agricultura, como son las organizaciones dedicadas al diseño y fabricación de maquinaria, sistemas de riego, desarrollo de agroquímicos, empresas de genética, etc.
Pero posteriormente las empresas más dinámicas del sector agrario incorporan esas innovaciones con relativa agilidad y, en muchos casos, con más rapidez que en otros países. Esto ha permitido que en muy pocos años hayamos asistido a una profunda transformación de determinados sectores, como por ejemplo el del olivar, el viñedo, el porcino y muchos hortofrutícolas.
También hay que reconocer que hay muchas explotaciones que, por su escasa dimensión, la avanzada edad de los agricultores, su localización geográfica y la falta de capacidades técnicas, siguen con modelos de producción antiguos y con serias dificultades económicas para abordar procesos de inversión y modernización.
¿Cómo se detectan las necesidades del sector agrario y se determinan las líneas de trabajo y los ámbitos prioritarios de los estudios que desarrolla la entidad?
Cajamar siempre ha mantenido una relación muy estrecha con el sector agrario, y desde el año 1975 pusimos en marcha la Estación Experimental de Las Palmerillas para ayudar al desarrollo tecnológico de la producción agraria. Nuestro apoyo al sector no podía consistir solo en aportarle los recursos financieros necesarios, sino que también hemos confiado en la tecnología como impulsor del desarrollo y la rentabilidad.
Con la puesta en marcha de Las Palmerillas creamos un equipo técnico, que ha ido evolucionando y creciendo con el tiempo, cuya función era estar atento a las necesidades del sector, a la búsqueda y adaptación de las tecnologías existentes en cualquier parte del mundo, y al desarrollo de nuevas tecnologías en función de las necesidades específicas de nuestro sector.
Para ello ha sido fundamental la proximidad con los agricultores y las empresas agrarias. Por un lado, nos ha permitido ser conscientes de sus necesidades. Por otro, hemos podido transferir los conocimientos que hemos ido adquiriendo con la mayor rapidez posible.
En este sentido, también fue importante la puesta en marcha del servicio de estudios y publicaciones en el año 1998, ya que una de sus actividades más importantes es analizar con carácter prospectivo las necesidades de la sociedad y los retos a los que nos enfrentamos para poder orientar los esfuerzos a dar una respuesta satisfactoria.
¿Qué mecanismos se utilizan para que ese conocimiento llegue de forma rápida, práctica y comprensible al agricultor y al ganadero?
Una de nuestras mayores preocupaciones ha sido que las innovaciones, independientemente de quien las haya generado, lleguen lo más rápidamente posible a los agricultores, que son quienes las pueden implementar y beneficiarse de las mismas. Por ello, siempre le hemos dedicado gran atención y esfuerzo a todas las actividades de transferencia.
Las mismas han ido evolucionando con el tiempo, en la misma medida que se ha ido ampliando nuestro ámbito sectorial y geográfico de actuación y de las herramientas disponibles para realizar dicha labor de transferencia.
En nuestros orígenes, las principales actividades de transferencia se realizaban mediante la visita de los agricultores a los ensayos que realizábamos en nuestros centros experimentales. Posteriormente, empezamos a organizar jornadas presenciales que se podían celebrar en nuestras instalaciones o en las de cooperativas, dirigidas a sus miembros. En la actualidad, intentamos aprovechar todas las nuevas posibilidades que permiten internet y las redes sociales. Para ello, en el año 2021, pusimos en marcha Plataforma Tierra, a través de la cual pretendemos abordar todas aquellas innovaciones que son de interés para el sector.
En 2025 se han publicado en Plataforma Tierra un total de 168 artículos de innovación y se han organizado 49 seminarios online. Todo ello sin dejar de lado las actividades presenciales, ya que hemos celebrado 89 jornadas por todo el territorio nacional y nuestros centros de experimentación han sido visitados por casi 6.000 personas.
¿Percibe que agricultores y ganaderos ven hoy la innovación como una oportunidad real o sigue habiendo cierta desconfianza ante algo nuevo y desconocido?
Una de las cuestiones de la que nos sentimos más orgullosos es que hemos conseguido crear una cultura abierta a la innovación entre los agricultores y las empresas agrarias con las que mantenemos una relación más estrecha. Anteriormente hemos comentado la heterogeneidad del sector agroalimentario, y donde más se nota es en la predisposición que tienen hacia la incorporación de nuevas tecnologías. Los más abiertos suelen ser los más dinámicos, los que más crecen y los que mejores resultados económicos obtienen.
Actualmente la innovación no es una opción. Antiguamente los agricultores presumían de haber hecho las cosas de la misma manera durante varias generaciones. Ahora el que no evolucione e incorpore las nuevas tecnologías estará perdiendo oportunidades y estará poniendo en serio peligro la viabilidad de su explotación.
Es nuestra obligación y de todas las organizaciones que apoyamos al sector agroalimentario facilitar que todo el que quiera tenga acceso a dicha innovación, independientemente de su tamaño, lugar de residencia, edad o formación.





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