El brote de peste porcina africana (PPA) detectado en Collserola a finales de noviembre no tiene su origen en el Centro de Investigación en Sanidad Animal del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA-CReSA).
Lo confirma la evidencia científica: la secuenciación genética del patógeno que infectó a los animales encontrados muertos en el medio natural se ha contrastado con el ADN de las cepas que se utilizan en las instalaciones de bioseguridad del IRTA-CReSA y no coinciden en ningún caso. Así lo explica el informe oficial sobre el brote, difundido el 9 de febrero por el Ministerio de Agricultura.

Se trata de un informe que ratifica los resultados que el 30 de diciembre ya adelantó el Departamento de Agricultura de Cataluña, a raíz de la secuenciación encargada en paralelo al Instituto de Investigación Biomédica (IRB).
Desde el primer momento, el IRTA-CReSA ha estado a disposición de las autoridades competentes para contribuir al control del brote y facilitar toda la información que requirieran las investigaciones en curso.
Los profesionales del centro han trabajado intensamente en la recogida y el análisis de muestras y en la detección de casos positivos.
En concreto, hasta esta semana, en el IRTA-CReSA se han analizado más de un millar de muestras, de las cuales 155 han resultado positivas en PPA, y se han incinerado dieciocho toneladas de carne relacionadas con el brote, las mismas que habitualmente se incineran en nueve meses.
Además, los profesionales del IRTA-CReSA trabajan en el análisis y tratamiento de los datos, que se comparten diariamente con el Departamento de Agricultura. Desde la línea de Epidemiología y análisis de riesgo del IRTA-CReSA se integran todos los datos disponibles de las diferentes fuentes para proveer conocimiento sobre la evolución del brote, simular posibles escenarios de futuro y evaluar qué acciones han funcionado sobre el terreno.
Un estudio para conocer mejor el nuevo virus
Los datos disponibles indican que el inicio del brote se habría producido entre septiembre y octubre, no después. En cuanto a su origen, todo apunta a que las investigaciones deberán volver a centrarse en la introducción en el país de alimentos contaminados.
Al mismo tiempo, será necesario investigar más para encontrar ancestros genéticos que permitan establecer una relación entre el nuevo virus (del grupo genético 29) y otros ya reportados anteriormente.
“Si el resultado de la secuenciación hubiera sido que la cepa causante del brote es muy similar a otra de cualquier otra parte del mundo, podríamos especular que haya venido de esa zona geográfica; pero, no siendo el caso, se hace muy difícil de saber. Actualmente hay zonas del mundo donde hay focos de PPA, pero no se conoce de qué grupo genético son”, remarca Joaquim Segalés, responsable de la línea de investigación en Virus porcinos endémicos del programa de Sanidad Animal del IRTA-CReSA y catedrático de la UAB.
“Para poder hacer previsiones sobre el comportamiento y la evolución del virus, es importante conocerlo aún más e investigar a partir de todos los datos y muestras de los que ya disponemos”, añade Segalés.
Por este motivo, el IRTA-CReSA impulsará, en los próximos meses, un estudio sobre el grado de virulencia, el comportamiento y la transmisibilidad del nuevo virus de la PPA.
Asimismo, el centro tiene previsto organizar este año un encuentro con la presencia de expertos en PPA de referencia internacional.




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