Luis Cortés, coordinador estatal de Unión de Uniones

En estas últimas semanas estoy teniendo que compartir el cuidado de mis perales y los tomates con la lectura de una montaña de papeles para ver si puedo hacerme una idea de hacia dónde nos llevará la PAC reformada a partir de 2028. Y tengo que confesar que por más que busco en los proyectos de reglamento, en las presentaciones sobre la nueva arquitectura financiera y en las memorias de justificación de las nuevas propuestas, no acabo de vislumbrar a qué modelo de agricultura y ganadería, a qué campo y a qué mapa rural europeo nos conduce todo esto.
Luego miro otra vez a mis perales y a los tomates y llego a la conclusión de que, mientras crece el vocabulario del discurso político (sostenibilidad, biodiversidad, cohesión territorial, relevo generacional, resiliencia, autonomía estratégica, seguridad alimentaria, digitalización, innovación), el campo se nos va partiendo en dos, dividiéndose entre la intensificación y el abandono.
Precisamente, hace poco ha llegado a mis manos un estudio sobre los sistemas rurales españoles que me confirma esto que muchos llevamos viendo hace años desde la cabina del tractor. Allí donde están las comunicaciones y hay buenas condiciones, clima, agua y tierras ricas se tiende a una agricultura y ganadería más concentradas, intensivas, especializadas y orientadas a producir mucho y bien para poder competir en un mercado cada vez más tenso. Pero donde nada de todo eso está al alcance se pierde la actividad, se pierden los agricultores y ganaderos, se pierde población y se pierde el futuro. Acogotado por acuerdos comerciales injustos, por una cadena alimentaria desequilibrada, unos inputs cada vez más caros y por una presión regulatoria inaguantable, el modelo agrario con una dimensión humana, profesional, multifuncional y ligado al tejido social de su pueblo tiene cada vez menos espacio.
Camina o revienta. Intensificación o abandono. Precisamente dos palabras de las que se abomina en el discurso de la PAC, pero que es exactamente adonde nos está dirigiendo a fuerza de arrinconar los principios consagrados en el tratado de funcionamiento de la UE: crecimiento equilibrado de la producción, garantizar una vida digna a la población agraria, estabilizar mercados y asegurar abastecimientos y alimentos a precios razonables.
El sueño de la razón produce monstruos, tal y como tituló Goya uno de sus caprichos; y con el sucederse de las reformas a la PAC se le han ido metiendo tantas capas, tantos compromisos políticos, tantas cesiones internacionales, tantos intereses ideológicos que ya no la conoce ni la madre que la parió. Esto ya no parece una política agraria común fiel a sus principios (¿alguien podría ponerles un pero?), sino un mecanismo para gestionar las inercias de los errores pasados hasta su desmantelamiento definitivo del que, por cierto, la presente propuesta de reforma de la Comisión es un paso más.
Inercias, inercias. Lo importante es el cheque, lo de gastarlo pensadamente ya si eso. La PAC para los agricultores verdaderamente activos, pero los apoyos para cualquiera que produzca. Seamos extensivos, verdes, sostenibles; aunque abramos las fronteras de nuestros mercados a cualquiera que no lo sea. Simplifiquemos, a base de más burocracia. Alimentemos nuestra autonomía estratégica, desarmando los sectores productivos. Abordemos la política desde el diálogo social, sin escuchar ni hacer caso al campo que protesta. Subrayemos la importancia de la PAC, pero relegándola en el escalafón de prioridades.
Tras tantas reformas que supuestamente venían a reforzar la agricultura activa, a vertebrar y cohesionar el territorio, a proteger los recursos, a asegurar el relevo generacional y a revitalizar el mundo rural, lo que se nos queda entre las manos son costes productivos crecientes, regulación y exigencias asfixiantes, burocracia, mayor competencia y dependencia exterior, un territorio rural roto y, en definitiva, más vulnerabilidad. Apilando reformas lo que se ha generado en el campo es una atmósfera enrarecida en la que caminar exige intensificarse constantemente… y si no, acabas reventando.
Y ahora nos volvemos a encontrar con la PAC abierta en canal. Es verdad que todavía quedan muchas cosas por discutir y negociar. Los reglamentos no están cerrados (aunque la Comisión está apretando todo lo que puede para ir rápido) y hay cierto margen de maniobra que habrá que aprovechar en el Consejo y en el Parlamento. Pero, por desgracia, la música de la siguiente PAC a nosotros nos sigue sonando parecido, pero aún más desafinada: con menos dinero y una personalidad política, jurídica y financiera perdida en los complejos engranajes administrativos europeos.
Lo que me preocupa es, además, que no veo en los líderes de la UE una voluntad política real de corregir de verdad. Declaraciones sobre una PAC fuerte, sí. Titulares de una financiación suficiente, también. Pero en el Consejo, muchos gobiernos no están por la labor de llevarle la contraria a la Comisión, si eso supone aumentar su aportación a la caja de la UE (al margen de los que están decididamente a favor del tijeretazo a la PAC). Y en el Parlamento Europeo los grupos políticos ya están discutiendo los puntos y comas de los reglamentos (eso sí, tapándose dignamente la nariz, unos por unas razones y otros por otras) pero sin preguntarse en serio si esta nueva reforma nos lleva realmente adonde decimos querer ir y sin estar dispuestos a poner pie en pared si no es así.
Por nuestra parte, en Unión de Uniones no pensamos resignarnos a que la alternativa siga siendo intensificar a toda costa o abandonar. Ahora estamos aprovechando los debates para presentar propuestas ante todas las instituciones europeas y nacionales reclamando una PAC con identidad propia, bien dotada, pensada para los agricultores y ganaderos profesionales, con mecanismos ágiles y eficaces de gestión de mercados y respuesta ante las crisis y con una defensa firme del modelo europeo en las fronteras frente a importaciones producidas bajo condiciones que aquí jamás aceptaríamos. Lo seguiremos haciendo también después, cuando llegue la hora de pasar de las musas al teatro y que los reglamentos europeos se conviertan aquí en reales decretos.
Porque, viendo el paso que lleva esto, igual esta reforma es una de las últimas oportunidades que tenemos para corregir el rumbo. Retocar cuatro artículos cambiándole el nombre a las ayudas recortadas y vender eso como una revolución, no nos sirve. Unión de Uniones va a seguir removiendo conciencias políticas para responder la pregunta clave: ¿qué campo queremos dentro de 20 años? Nosotros lo tenemos claro. No queremos un mapa agrario y rural con unos pocos núcleos intensivos manufactureros y el resto del campo convertido en un triste decorado. Queremos un campo vivo, productivo y gestionado por profesionales ilusionados que vean en su actividad un medio de ganarse honradamente el pan y de contribuir con su trabajo a mejorar su pueblo.
Una Europa y una España que renuncie a ello se estará debilitando. Y es lo que puede llegar a suceder. El campo avisa: a veces con propuestas, a veces con mensajes, a veces con tractores… y a veces, simplemente, dejando de estar. Si permitimos que la cosa llegue al último aviso, ya no habrá remedio.
[1] Environmental conditions drive both spatial and temporal changes in Spanish rural land sy






Enhorabuena al escritor de tan excelente Articulo; En estos tiempos tan Polarizados, politicos ausentes de realidad y decisiones incoherentes .la Pac nació en defensa de un sector estratégico ,sin ambiguedades..
En fin, yo creí firmemente en estructurar mi explotación hacia la conservación ,Agric. regenerativa y ecologíca y perdí la rentabilidad , el tiempo en burocracias y la ilusión.
Reconforta Leerte, Bien estructurado en Síntesis, significado y gramática literariadel castellano .Para variar