«¡La tierra arde, todo está abandonado! ¡Los incendios del verano se apagan en invierno! ¡Los pequeños ayuntamientos no reciben ayudas para cuidar caminos y bosques!» Son frases que hemos escuchado estos días mientras Cataluña arde. Pero, de repente, aparece un rayo de esperanza: una granja no ha ardido en medio del infierno porque sus 50 cabras pastan durante todo el año y mantienen el sotobosque limpio. ¿Un milagro? No. Sentido común y gestión (y, por qué no decirlo, el instinto de supervivencia de un oficio).

En 2013 se aprobó el Plan de recuperación del ovino en Cataluña. En su punto 7.3, el tercer apartado hablaba del «fomento del pastoreo para la prevención de incendios». De ahí nació la iniciativa Ramats de Foc, a cuyos impulsores admiro porque tienen que sacar adelante su actividad a contracorriente. También hablas con ganaderos que te cuentan que llevan seis años esperando el permiso para ampliar su rebaño de cabras hasta el centenar de animales, o más de dos años para obtener el código REGA, imprescindible para cualquier ganadero que quiera iniciar su actividad.
El Plan Estratégico de la Ganadería Extensiva 2021-2030, en su eje 3 sobre «Gestión del territorio», fija como uno de sus objetivos «prevenir los incendios mediante el pastoreo». Más claro, imposible.
Sin embargo, el resultado de estos planes es que entre 2014 y 2024 la cabaña ovina se ha reducido un 25 %. A mi juicio, las causas principales son dos.
La primera, la burocracia. Hay que pedir permisos para todo, incluso para mantener limpio un bosque cortando los árboles cuando corresponde, aprovechando los que han caído tras un temporal o retirando los que están muertos.
La segunda, determinadas personas —vivan o no en el medio rural— que se amparan bajo la etiqueta de «ecologistas» y prefieren que todo se llene de maleza para dar refugio a la fauna salvaje. Señores, ¿qué ocurre cuando llegan incendios tan devastadores? ¿Qué pasa con los animales del bosque y con los árboles que no se han dejado cortar? Pues que arde todo.
Soluciones hay. La gestión y el aprovechamiento forestal son una de ellas; los dos planes mencionados lo dejan claro. Pero para limpiar el sotobosque con rebaños de cabras, ovejas o asnos, los propietarios forestales y/o la Administración deben aportar recursos para complementar la alimentación de los animales.
Mantener viva la agricultura y la ganadería fija población en el territorio y garantiza un paisaje en mosaico del que todos nos beneficiamos. Los bosques no son de todos, pero sí son responsabilidad de todos.
Si queremos que un pastor haga prevención de incendios, debe poder vivir dignamente de su trabajo, un oficio que está en peligro de desaparecer. Y para ello, los consumidores debemos realizar compras responsables.
¿Queréis paisajes bonitos y seguros? Alimentaos del territorio.
Gracias a los bomberos, a las ADF y a la agricultura y la ganadería por vuestro valor, por no dudar ni un segundo en coger vuestras herramientas para crear cortafuegos y por jugaros la vida en cada incendio.






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