Tras el shock de oferta provocado por la peste porcina africana (PPA) en China entre 2018 y 2020, que disparó las importaciones chinas hasta un pico de 12 millones de toneladas y cerca de 35.000 M$ en 2020-2021, el comercio mundial se corrigió con fuerza en 2022 y 2023, cayendo a poco menos de 10 millones de toneladas. Desde 2024, el mercado se ha estabilizado con una recuperación moderada, aunque los volúmenes siguen por debajo del máximo anterior, lo que apunta, según el informe World Pork Map 2026 de RaboResearch, a un entorno más equilibrado pero menos dinámico.

China sigue siendo el mayor importador mundial de porcino, pero su peso relativo se ha reducido de forma notable: del 43 % de las importaciones globales en 2021 al 23 % en 2025. La caída ha sido especialmente marcada en carne de porcino, a medida que la recuperación de la cabaña porcina china y las mejoras de productividad reducen su dependencia exterior, en un contexto de menor crecimiento del consumo y un desplazamiento del gusto hacia otras proteínas animales como el pollo o la ternera. En 2025, además, el mercado chino mostró señales claras de sobreoferta, con precios y márgenes de los productores a la baja.
Este retroceso chino ha abierto hueco a otros mercados. México se ha convertido en el mayor importador mundial de carne de porcino (excluidos despojos) debido a limitaciones de producción interna, mientras que Filipinas y Vietnam han ganado peso como mercados de crecimiento por sus problemas sanitarios persistentes y su producción doméstica insuficiente. Este mayor apetito importador ha beneficiado sobre todo a Estados Unidos, Canadá y Brasil.
En el lado exportador, la Unión Europea mantiene su posición de liderazgo mundial, aunque la distancia con Estados Unidos se estrecha progresivamente. El informe atribuye esta pérdida de terreno a desafíos estructurales del sector europeo: el endurecimiento de la normativa medioambiental, unos requisitos de bienestar animal más exigentes y el aumento de los costes de producción. Solo la tensión comercial entre Washington y Pekín ha frenado temporalmente ese avance estadounidense, al reforzar la competitividad exportadora europea.
Brasil, por su parte, ha consolidado su papel como tercer exportador mundial, superando ya a Canadá. Tras un fuerte crecimiento en 2022 y 2023 apoyado en la demanda china, el país ha diversificado sus destinos ante el menor apetito importador chino: Filipinas se ha convertido en su principal mercado, con envíos que crecieron más de un 30 % en 2025.
La sanidad animal sigue siendo un factor determinante más allá de la competitividad en costes. La PPA ha pasado de fase de crisis a una etapa más controlada en Filipinas, aunque sigue condicionando su dependencia importadora, mientras que en Vietnam la enfermedad es ya endémica desde 2021. En Europa, el control de la enfermedad continúa siendo un reto persistente, en particular en el este del continente, y el brote registrado en España en noviembre de 2025 ilustra su capacidad de impacto sobre precios, márgenes y el equilibrio entre oferta y demanda.
Frente a esta amenaza, los países importadores se muestran cada vez más dispuestos a adoptar enfoques de regionalización, que permiten mantener el comercio desde zonas libres de enfermedad en lugar de imponer vetos nacionales completos. El informe cita como ejemplos los acuerdos de regionalización alcanzados entre China y España, Japón y Francia, y Filipinas y Polonia, como muestra de la creciente aceptación de marcos comerciales más flexibles basados en el riesgo.
El comercio también se ve cada vez más condicionado por decisiones políticas y geopolíticas. Los aranceles antidumping impuestos por China al porcino de la UE en 2025 continúan pesando sobre las exportaciones europeas, mientras que la escalada del conflicto en Oriente Medio a principios de 2026 ha elevado los costes energéticos y de transporte y ha generado dificultades logísticas adicionales para el comercio global. El resultado es un entorno marcado por ciclos recurrentes de sobreoferta, mayor volatilidad de precios y presión sostenida sobre la rentabilidad de los exportadores.
Ante este escenario, el informe señala que los exportadores deberán diversificar su exposición de mercado para reducir la dependencia de un único destino dominante, ganar en agilidad para redirigir volúmenes ante una demanda cada vez más localizada e impredecible, y reforzar sus capacidades de bioseguridad y gestión del acceso a mercados frente a restricciones sanitarias y acuerdos de regionalización. Los productores de bajo coste, como Brasil y Estados Unidos, previsiblemente apostarán por el crecimiento en volumen, mientras que exportadores de mayor coste, como la UE, tendrán que diferenciarse por segmentos premium, sostenibilidad o productos de valor añadido.
Los datos proceden del informe World Pork Map 2026, elaborado por RaboResearch, la división de análisis de Rabobank, a partir de datos de Trade Data Monitor.







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