Los primeros arranques de remolacha en Francia coinciden con una campaña condicionada por una sequía excepcional y varios episodios de ola de calor. Para mostrar la gravedad de los daños, la Confederación General de Remolacheros de Francia (CGB) organizó el 17 de septiembre una visita de campo en Seine-et-Marne, en presencia del prefecto Pierre Ory.

Según la organización, en numerosas zonas productoras, en especial Aube, Yonne, Champagne, Île-de-France, Oise, Centre-Val de Loire, Alsacia y Eure, el cultivo ha sufrido un estrés climático excepcional, con un impacto sin precedentes en su desarrollo y su sanidad. En las parcelas afectadas se aprecian desecación de las hojas, pérdida de la corona foliar y alteración del desarrollo radicular, y las condiciones adversas han provocado además una alta presión de plagas.
Cyrille Milard, agricultor de Seine-et-Marne y presidente de la CGB Île-de-France, ha descrito así la situación sobre el terreno: «La remolacha azucarera tuvo que sobrevivir todo el verano, pero en varias parcelas ya no puede hacerlo. Lo que vemos hoy en este campo devastado es sumamente preocupante, sobre todo porque aún no se pronostican lluvias». Milard ha señalado que, a nivel local, las pérdidas de rendimiento alcanzan el 70% y que «los agricultores lo van a perder todo porque miles de hectáreas no se cosecharán».
A pocos días de la cosecha, los productores afrontan, según la CGB, numerosas incertidumbres: cuál será el rendimiento real, cómo evaluar la salud de las remolachas, si conviene cosecharlas, cómo se almacenarán en los silos y qué consecuencias tendrá esta situación para su recepción y procesamiento en las fábricas.
La confederación prevé un nuevo revés para los productores y para el sector, tras la crisis de la amarillez de 2020. Sus últimas estimaciones apuntan a una pérdida de producción del 30% a nivel nacional, lo que supondría una pérdida de valor de en torno a 1.000 M€ para el conjunto del sector.
Ante este escenario, la entidad reclama respuestas a tres interlocutores. A los grupos azucareros les pide que cosechen y reciban el mayor número posible de remolachas, por todos los medios. A las aseguradoras, una compensación justa y rápida para los productores que hayan contratado un seguro climático.
Al Estado le demanda un plan de rescate para los remolacheros que preserve la tesorería de las explotaciones y permita que la actividad continúe; una política ambiciosa de acceso al agua, que considera fundamental para garantizar la producción agrícola y preservar la soberanía alimentaria; y el refuerzo de las herramientas de protección fitosanitaria, en particular con la excepción relativa al flupyradifurone para la siembra de 2027.









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