Investigadores del CSIC y del Centro Apícola de Marchamalo han puesto de manifiesto que el abejaruco europeo o común (Merops apiaster), con su movilidad y migración, podría jugar un papel importante en la transmisión del patógeno N. ceranae.
Los investigadores encontraron una elevada prevalencia de esporas viables de N. ceranae en pellets regurgitados por los abejarucos en diferentes lugares de la Península Ibérica, Europa central y Asia central. Sin embargo, esporas de Nosema apis, que hasta ahora el microsporidium que más comúnmente afectaba a las abejas melíferas solo se detectó en un única localidad y las esporas de N. bombi no se detectaron.
Se encontraron esporas no-viables en los nidos de los abejarucos en diferentes lugares, por lo que esta ave podría también reducir la fracción de insectos infectados, sacando los patógenos de las colonias.
Los resultados de esta investigación se han publicado en Environmental Microbiology Reports (2010).






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