El reciente anuncio del presidente de Estados Unidos de imponer aranceles universales, incluido un recargo del 20 % sobre los productos procedentes de la Unión Europea, ha generado una ola de preocupación tanto en las instituciones europeas como en el sector agroalimentario.
Desde la Comisión Europea, se ha advertido de que esta decisión supone un duro golpe para la economía global. La presidenta Ursula von der Leyen ha lamentado profundamente la medida, al considerar que sus consecuencias serán negativas tanto para la estabilidad del comercio internacional como para los consumidores y empresas en ambos lados del Atlántico. Según ha declarado, los nuevos aranceles provocarán un aumento inmediato de los precios de alimentos, medicamentos y transporte, con especial impacto sobre los ciudadanos más vulnerables.
Von der Leyen ha recalcado que las empresas, grandes y pequeñas, se verán afectadas desde el primer día, con un incremento de la incertidumbre, disrupciones en las cadenas de suministro y mayores cargas burocráticas. A su juicio, esta medida no responde a un plan ordenado, sino que contribuye al caos y la fragmentación del comercio global.
El sector agrario europeo también ha mostrado una profunda inquietud. El Copa-Cogeca, que representa a agricultores, ganaderos y cooperativas agroalimentarias, han alertado sobre los efectos negativos que estas medidas pueden tener sobre las cadenas de suministro, el acceso a los mercados y la estabilidad del sector. Han recordado que la relación comercial entre la UE y EE. UU. ha sido históricamente complementaria y beneficiosa para ambas partes, especialmente en el ámbito agroalimentario.
La Comisión Europea ha confirmado que, aunque mantiene su disposición al diálogo para eliminar las barreras al comercio transatlántico, ya trabaja en nuevos paquetes de contramedidas para proteger sus intereses en caso de que las negociaciones no prosperen. Se han anunciado también medidas específicas para apoyar a sectores estratégicos como el del acero, el automóvil y el farmacéutico, e incluso se han limitado ya las cantidades de acero que pueden importarse a Europa sin aranceles.
El COPA-COGECA considera que las medidas de represalia no beneficiarán a los agricultores ni en la UE ni en EE. UU., ya que limitarán oportunidades, encarecerán productos y debilitarán la resiliencia de las explotaciones. Por ello, han instado a ambas administraciones a evitar un conflicto comercial abierto y agotar todas las vías diplomáticas.
Tanto la Comisión como Copa-Cogeca coinciden en que aún es posible reconducir esta crisis por la vía del diálogo. Ambas partes han reiterado su llamado a retomar las negociaciones y trabajar conjuntamente para evitar una escalada que podría tener consecuencias duraderas para la economía y la seguridad alimentaria a ambos lados del Atlántico.







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