El comisario europeo de Transporte Sostenible, Apóstolos Tzitzikóstas, abrió un frente el pasado 21 de mayo en Estrasburgo al señalar ante el Parlamento Europeo que los biocombustibles deben ser sostenibles y que su uso debería circunscribirse a los sectores más difíciles de electrificar. Farm Europe le ha contestado con una carta: los biocombustibles agrícolas europeos cumplen ese criterio, y excluirlos sería un error basado en un mercado adulterado por el fraude chino.

La carta argumenta que estos combustibles no presentan un riesgo elevado de cambio indirecto del uso de la tierra, no han encarecido los alimentos ni desplazado superficie cultivada, y generan subproductos de valor: piensos proteicos, bioquímicos y materias primas para biocombustibles avanzados. Lejos de competir con la seguridad alimentaria, su producción la refuerza, según defiende la organización.
Tierra sin cultivar, energía desaprovechada
Farm Europe apunta además a un problema estructural que considera decisivo: el abandono creciente de tierras agrícolas en la UE por falta de rentabilidad. Impulsar la demanda de biocombustibles agrícolas europeos, sostiene, sería una vía directa para frenar ese proceso, consolidar la soberanía alimentaria y sostener las economías rurales, además de abrir paso a otros flujos de la bioeconomía.
Por ello, la organización insta a la Comisión a aplicar el principio de neutralidad tecnológica en todos los marcos legislativos pertinentes, incluida la revisión en curso de los estándares de CO₂ para vehículos ligeros y pesados. A diferencia de otras alternativas, estos combustibles no requieren nueva infraestructura ni sustitución del parque de vehículos existente, lo que los convierte en una herramienta de descarbonización disponible de forma inmediata.
Una séptuple multiplicación que huele a fraude
La carta incorpora una denuncia de mayor calado. Las importaciones de biocombustibles del Anexo IX procedentes de China se multiplicaron por siete entre 2017 y 2023, hasta alcanzar aproximadamente 3 Mt, cifra equivalente al 20% del consumo total de biocombustibles en la UE. Una parte significativa de esas importaciones ha sido identificada como fraudulenta: aceite de palma virgen y sus derivados etiquetados como aceite de cocina usado u otras materias primas elegibles.
El fraude está documentado por el Tribunal de Cuentas Europeo en sus informes de 2016 y 2023, y reconocido en una decisión de implementación de la propia Comisión del 18 de julio de 2025. Farm Europe advierte de que el mecanismo de doble contabilización de la Directiva de Energías Renovables lo incentiva de forma estructural, inflando artificialmente las cifras de disponibilidad de biocombustibles avanzados en el mercado europeo.
La conclusión es directa: si esos datos están contaminados por el fraude, el argumento para marginar los biocombustibles agrícolas europeos se sostiene sobre una imagen falsa del mercado. ASAJA, como organización miembro de Farm Europe, respalda la petición y defiende el reconocimiento de estos combustibles como herramienta estratégica para la descarbonización, el fortalecimiento de la renta agraria y la autonomía energética europea.







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