El Parlamento Europeo debatió ayer por primera vez en pleno una resolución específica sobre la lana, tramitada como expediente 2026/2804(RSP) y pendiente aún de votación. La sesión, solicitada por los eurodiputados Maria Walsh, Daniel Buda y Herbert Dorfmann, contó con el respaldo de Copa-Cogeca, que aprovechó la ocasión para reclamar un marco jurídico que deje de tratar la lana como residuo y la reconozca como recurso agrícola.

La organización enmarca su reivindicación en una crisis de mercado que arrastra al sector desde hace años: la industria lanera europea ha desaparecido casi por completo, lo que obliga a exportar la mayor parte de la producción a Asia para su transformación. El cierre de mercados como el chino ha hundido aún más la demanda y, según Copa-Cogeca, los precios han caído hasta el punto de no cubrir ni los costes del esquilado. A ello se suma la limitada capacidad de las instalaciones europeas de lavado todavía activas, lo que ha disparado la acumulación de lana sin tratar en explotaciones y cooperativas, hasta el extremo de que algunos ganaderos han dejado de recogerla por falta de mercados rentables.
Una paradoja normativa
Copa-Cogeca atribuye buena parte del problema al Reglamento (CE) n.º 1069/2009 sobre subproductos animales, que clasifica la lana cruda de animales sanos como material de categoría 3 —la misma que canales, sangre o pieles— pese a su riesgo sanitario mínimo. La norma permite transformarla en biogás o fertilizante conforme a criterios de transformación microbiológica, pero prohíbe su aplicación directa al suelo, a diferencia de lo que ocurre con la leche cruda o el calostro. Cuando no se destina a un uso reconocido, la lana queda además sujeta a la Directiva marco de residuos, lo que obliga a los ganaderos a asumir los costes de recogida, almacenamiento y eliminación de un material que, según la organización, es de hecho biodegradable y de bajo riesgo.
La entidad calcula que esta doble condición jurídica genera ineficiencias tanto económicas como medioambientales: los ganaderos afrontan costes adicionales por manipular, comercializar o eliminar un material que podría beneficiar la salud del suelo y el reciclaje de nutrientes, y en muchos casos la lana termina incinerada o abandonada. Por ello, Copa-Cogeca plantea estudiar un mecanismo de reembolso para las actividades de recogida y eliminación que alivie la carga económica sobre ganaderos y cooperativas.
Las propuestas sobre la mesa
La principal petición de la organización pasa por reclasificar el estatus de la lana en el reglamento comunitario o, al menos, flexibilizar los requisitos que pesan sobre ella cuando procede de animales sanos. Propone también habilitar un uso agrícola de bajo riesgo que permita emplear la lana cruda como fertilizante o compost directamente en las explotaciones, sin necesidad de autorización sanitaria específica, y pide clarificar la frontera entre la legislación de subproductos animales y la de residuos, de forma que la lana gestionada con buenas prácticas no se considere un desecho.
Copa-Cogeca reclama además impulsar la investigación, la innovación y el desarrollo de una industria de lavado de lana en Europa, así como ampliar el enfoque a todo el sector agrícola para poner en valor coproductos y subproductos dentro de la economía circular. La organización cita el proyecto Lanaland y la iniciativa Interreg Marlaine como referencias de la viabilidad técnica y sanitaria de estas soluciones.
Según la entidad, adecuar la normativa permitiría además reducir la dependencia europea de las importaciones de lana, favorecer el retorno al mercado de la producción local y sostener los sistemas de pastoreo extensivo que apuntalan la biodiversidad y las economías de las zonas rurales y de montaña menos favorecidas.






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