El algoritmo de privacidad de Google Street View lleva tiempo difuminando algo más que matrículas y rostros humanos: las caras de vacas, perros y gatos también acaban pixeladas en las imágenes, víctimas colaterales de una IA que no distingue entre un hocico bovino y una cara humana.

Un error con lógica
El sistema funciona así: los vehículos de Google capturan vídeo en 360 grados y, antes de publicarlo en Maps, un algoritmo detecta automáticamente formas ovaladas con ojos, nariz y boca para difuminarlas. El problema es que el modelo no distingue si esa forma pertenece a un humano o a un animal. La cara de una vaca, un perro o un gato se parece lo suficiente a un rostro para que el software active el borrado.
El caso que lo hizo viral
El detonante fue una fotografía de Street View tomada a orillas del río Cam, en Cambridge, Inglaterra, donde una vaca aparecía con el hocico completamente pixelado como si fuera un testigo protegido. Un periodista de The Guardian la publicó en redes con el comentario «Genial ver que Google se toma la privacidad de una vaca en serio», y la imagen se propagó rápidamente. Los memes se multiplicaron en Instagram y Threads con variantes del mismo chiste.
La propia compañía respondió al asunto con humor. En un comunicado, Google admitió que su tecnología había sido «un poco demasiado entusiasta» y lo hizo con un juego de palabras en inglés difícil de resistir: «We thought you were pulling the udder one when we herd the moos» —algo así como «pensábamos que nos estaban tomando el pelo cuando nos llegó el rumor». La compañía añadió que no tenía «nada en contra de que esta vaca aproveche sus cinco minutos de fama». Según la política de privacidad de la plataforma, una vez difuminada una imagen el cambio es permanente: la vaca de Cambridge seguirá siendo anónima para siempre.






Deja un comentario