Estados Unidos abre la puerta a la venta directa de carne por parte de los ganaderos, sin pasar por las grandes empacadoras, tras la firma de dos órdenes ejecutivas por parte del presidente Donald Trump el 4 de septiembre en el Despacho Oval. El objetivo declarado de la Casa Blanca es abaratar el precio de la carne de vacuno y reducir el peso de las empresas que dominan el sacrificio y el procesado en el país.

Menos intermediarios entre el corral y el consumidor
La primera orden —»Fair Competition in Livestock Markets»— permite a los ganaderos faenar, procesar y envasar su propia carne, y venderla a través de fronteras estatales, algo hasta ahora limitado para los procesadores con inspección exclusivamente estatal. Según el Fact Sheet de la Casa Blanca, la medida busca corregir un desequilibrio de mercado: hace cuarenta años, los cuatro mayores empacadores de carne del país controlaban el 36% de las compras de ganado; hoy esa cifra ha subido al 85%.
La orden instruye al Secretario de Agricultura a priorizar las investigaciones sobre posibles infracciones de la Packers and Stockyards Act, la ley que regula las prácticas anticompetitivas en el sector cárnico, y a aumentar los recursos federales destinados a ellas. También le encarga modernizar el sistema de inspección cárnica, centrándolo en la seguridad esencial y eliminando trámites que no aporten valor en materia de seguridad alimentaria, así como crear una ventanilla única y una figura de coordinador dentro del Departamento de Agricultura, cuya función será ampliar las licencias federales, conectar a los productores con opciones de inspección y facilitar la participación de los estados en los programas State Meat and Poultry Inspection, Cooperative Interstate Shipment y Talmadge-Aiken. La orden pone además en marcha un programa de préstamos, «Strengthening Processing for U.S. Ranchers», pensado para ayudar a procesadores pequeños y regionales a mantener y ampliar su actividad.
Lobos, pastos y una etiqueta que tarda en llegar
La segunda orden aborda la política ganadera con un enfoque más amplio. Su texto señala que el rebaño nacional de ganado se encuentra en su nivel más bajo en 75 años, mientras la demanda de carne ha crecido casi un 10% en la última década. A partir de ese diagnóstico, encarga a los Secretarios de Agricultura e Interior, junto con el Representante de Comercio, la Comisionada de la FDA y la Administración de la Pequeña Empresa, un informe en 90 días que revise toda la normativa federal que afecta a los ganaderos.
La orden también aborda el conflicto entre ganadería y fauna protegida: pide al Secretario de Interior determinar si el lobo gris y el lobo mexicano cumplen los criterios de recuperación para ser retirados o rebajados de la lista de especies protegidas bajo la Ley de Especies en Peligro, y revisar los estándares de compensación a los ganaderos por los ataques de estos depredadores. Por otro lado, encarga al Secretario de Agricultura revisar en 90 días las bases legales existentes para exigir el etiquetado obligatorio de origen («country-of-origin labeling») en los productos de carne de vacuno, e instruye al conjunto de las agencias federales a que las medidas del paquete se traduzcan, en la medida de lo posible, en precios más bajos para el consumidor.
¿Y en España?
En España se permite la venta directa de pequeñas cantidades de carne y leche cruda desde la propia explotación al consumidor final, o en mercados ocasionales y periódicos, dentro de un radio máximo de 100 kilómetros entre la explotación y el punto de venta.
Las órdenes firmadas por Trump amplían ese planteamiento a ganaderos medianos y grandes y eliminan el límite de distancia, permitiendo la venta entre estados sin una restricción geográfica equivalente a la española.






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