La producción nacional de cereales se situará en 20,5 millones de toneladas durante la presente campaña, lo que representa una merma del 22,8% respecto al ejercicio anterior. Las primeras estimaciones de Cooperativas Agro-alimentarias de España atribuyen este fuerte ajuste productivo a una climatología adversa, marcada por lluvias excesivas en la sementera y un déficit hídrico posterior combinado con altas temperaturas.

A pesar de la caída de seis millones de toneladas frente a los 26,6 millones del año pasado, el volumen previsto se mantiene en la media de las últimas campañas, a la espera de cómo evolucionen las condiciones meteorológicas en las semanas venideras. El grueso del retroceso recae sobre los cereales de invierno, cuya cosecha conjunta apenas rozará los 16,8 millones de toneladas a falta de contabilizar más adelante los datos definitivos del maíz.
El peaje térmico en la espiga
El comportamiento agronómico de los principales cultivos evidencia el impacto del estrés hídrico y de los picos de calor. La cebada, el cereal mayoritario en los campos españoles, registrará 7,56 millones de toneladas, un 26% menos que el año pasado, tras hundirse sus rendimientos medios hasta las 3,39 toneladas por hectárea. Una dinámica idéntica arrastra al trigo blando, que perderá la cuarta parte de su volumen para quedarse en 6,5 millones de toneladas tras ceder un 22% de su capacidad productiva.
El resto de las siembras invernales tampoco escapa a los recortes. El trigo duro se desplomará un 26% hasta las 498.135 toneladas por la doble vía de una menor superficie sembrada y la merma de los rendimientos. Por su parte, la avena sufrirá el mayor recorte porcentual, rozando un retroceso del 35% con 1,17 millones de toneladas, mientras que el triticale y otros cereales minoritarios amortiguarán el golpe con una bajada del 15%, sumando 828.710 toneladas conjuntas.
Un mapa de sed asimétrica
Castilla y León mantendrá su liderazgo histórico con 7,4 millones de toneladas, seguida de Aragón (3,7 millones), Castilla-La Mancha (3,4 millones), Cataluña (1,9 millones) y Andalucía (1,2 millones). Sin embargo, el principal granero del país protagoniza los ajustes más severos: los rendimientos castellanoleoneses caen un 38% en cebada y un 31% en trigo blando frente a las cifras del pasado ejercicio.
El descenso productivo se extiende con distinta intensidad por todo el territorio, dejando caídas de rendimiento en el trigo blando del 23% en Andalucía y Castilla-La Mancha, y del 10% en Aragón y Extremadura. Ante este escenario de creciente inestabilidad climática, la entidad cooperativa ha reclamado el desarrollo de nuevas herramientas que refuercen la resiliencia del sector y garanticen tanto el suministro como la rentabilidad de las explotaciones agrícolas.






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