Un equipo investigador de la Universidad Nacional de Chonnam (Corea del Sur) ha desarrollado un nuevo método para disminuir los niveles de histamina en los tomates utilizando la tecnología CRISPR-Cas9. Este compuesto, que se encuentra de forma natural en el fruto, es responsable de reacciones adversas y alergias en personas sensibles, por lo que su reducción representa un avance significativo para la seguridad alimentaria.

El estudio se centró en la modificación de genes específicos que regulan la producción de histamina durante la fase de maduración. Los autores del trabajo identificaron tres genes clave vinculados a este proceso: SlHDC1, SlHDC2 y SlHDC3. Según los datos obtenidos, la actividad de estos genes se intensifica a medida que el tomate alcanza su punto óptimo de consumo, elevando la concentración del compuesto.
Mediante el uso de la herramienta CRISPR, se crearon diferentes líneas de plantas mutantes para evaluar el comportamiento de cada gen. Los resultados determinaron que el gen SlHDC1 desempeña el papel más crítico en la acumulación de esta sustancia. Al intervenir sobre él, los investigadores lograron regular la síntesis de histamina de manera efectiva y dirigida.
Uno de los aspectos más relevantes del informe es que todas las plantas modificadas presentaron niveles de histamina significativamente menores en sus frutos maduros. Este descenso se logró de forma limpia, manteniendo la integridad del cultivo en todas sus fases de desarrollo y sin observar efectos negativos en la fisiología de la planta.
La investigación confirma que es posible obtener variedades con bajo contenido en histamina manteniendo un rendimiento productivo y un crecimiento normal. Los resultados muestran que los ejemplares mutantes no presentan diferencias morfológicas ni de productividad respecto a las variedades convencionales, lo que facilita su potencial escalabilidad técnica.
Estos hallazgos ofrecen una estrategia prometedora para el desarrollo de nuevos cultivares de tomate que minimicen los riesgos para los consumidores con intolerancias. El uso de la edición genética se perfila así como una herramienta eficaz para mejorar la calidad nutricional y la seguridad de los productos hortofrutícolas sin comprometer la rentabilidad del agricultor.
El estudio concluye que la desactivación precisa de estos genes permite controlar la composición química del fruto de forma estable. Esta investigación ha sido llevada a cabo por expertos de la Universidad Nacional de Chonnam, quienes proponen este modelo como una solución viable para la industria del tomate procesado y de consumo en fresco.






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