Un estudio publicado en la revista científica Nature analiza cómo las tecnologías genéticas pueden contribuir al desarrollo de cultivos más nutritivos y con mayor capacidad para afrontar el estrés climático, en un contexto en el que el cambio climático no solo reduce la cantidad de alimentos disponibles, sino también su valor nutritivo.

Más de dos mil millones de personas en todo el mundo no obtienen suficientes vitaminas y minerales esenciales, un problema conocido como hambre oculta: las personas consumen suficientes calorías, pero carecen de los nutrientes necesarios para una buena salud.
Cultivos básicos como el arroz, el trigo, el maíz, las patatas y la yuca constituyen la base de la alimentación diaria de miles de millones de personas. Aunque aportan energía, a menudo contienen muy pocas vitaminas y minerales para prevenir deficiencias nutricionales. Un número creciente de investigaciones demuestra además que el cambio climático está reduciendo el valor nutricional de varios cultivos alimentarios importantes.
La revisión analiza cómo la ciencia puede contribuir al desarrollo de cultivos más ricos en nutrientes esenciales y, a la vez, más resistentes a la sequía, el calor, la salinidad y otros factores de estrés relacionados con el clima. Según el equipo investigador, la agricultura del futuro debe abordar simultáneamente tres grandes desafíos: producir suficientes alimentos, mejorar su calidad nutricional y aumentar la resistencia de los cultivos a un clima cambiante.
Los autores del estudio señalan que los cultivos del futuro deben combinar mayores rendimientos con una mejor calidad nutricional y una mayor resistencia a la sequía, el calor y otras consecuencias del cambio climático.
El trabajo analiza cómo las nuevas tecnologías genéticas, incluida la edición del genoma basada en CRISPR, pueden contribuir a la obtención de cultivos con mayores niveles de vitaminas y minerales, al permitir modificaciones precisas en las características de las plantas relevantes para su calidad nutricional. Los autores recalcan, no obstante, que no existe una solución única: la cría selectiva convencional y otros enfoques biotecnológicos seguirán siendo igualmente importantes, y el mayor progreso provendrá de combinar diferentes enfoques científicos adaptados a cada cultivo y a las condiciones locales.
El artículo de revisión, publicado en Nature, ha sido elaborado por un equipo investigador de la Universidad de Gante y socios internacionales, y se apoya en años de investigación de la institución sobre el enriquecimiento vitamínico de los cultivos alimentarios.






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