La Confederación General de Cultivadores de Remolacha de Francia (CGB) ha advertido sobre la aparición de los primeros síntomas de amarillez de la remolacha. La organización ha hecho un llamamiento a los productores para que extremen la vigilancia y ha instado a las autoridades a proporcionar soluciones fitosanitarias eficaces para frenar el avance del virus.

A través de las redes sociales, un agricultor de la región de Île-de-France, concretamente del sur del departamento de Seine-et-Marne, ha documentado la presencia de la enfermedad en sus parcelas. El productor ha recordado los devastadores efectos que este virus, transmitido por pulgones, tuvo en la campaña de 2020, cuando los rendimientos de su explotación cayeron hasta las 35 t/ha. Aquel episodio ocasionó unas pérdidas de 80.000 € en una superficie de 66 ha, pese a haber aplicado cinco tratamientos insecticidas que no lograron erradicar la plaga.
El agravio comparativo con los países vecinos
El sector denuncia una profunda sensación de impotencia ante la falta de herramientas para combatir el vector. Según el testimonio respaldado por la CGB, los productores galos carecen de los productos que sí tienen autorizados sus homólogos en Alemania y Bélgica, lo que genera una situación de desventaja competitiva y merma su capacidad de respuesta agronómica.
Ante este escenario, los agricultores han lanzado un ultimátum a las autoridades francesas. El colectivo advierte de que, si de cara a 2027 no se aprueban materias activas similares a las de los países vecinos, los profesionales se verán obligados a abandonar el cultivo de la remolacha azucarera.







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